Rufus T. Firefly son todas las cosas buenas
Si Rufus T. Firefly fueran un sentimiento, un momento del día, serían el amanecer. Ese instante en el que, todavía rendido entre las sábanas, la luz se cuela por la ventana y te acaricia el alma antes que la piel. Su música es ese despertar tibio salvo en una excepción: sus conciertos, que son un sueño del que nadie quiere despertar. Y el pasado viernes 28 de noviembre, en una Sala Apolo abarrotada por primera vez para recibirles, regalaron precisamente eso: dos horas de luz buena para el cuerpo y alma.
Con su formación titular al completo, la banda de Aranjuez abrió la ventana y convirtió a toda la sala en el ‘El Coro del Amanecer‘. Las luces, desplegadas con una precisión casi cinematográfica, ascendían como un telón solar que daba paso a un rayo de luz ininterrumpido. Del amarillo cálido de la introducción nos llevaron al azul profundo de ‘Polvo de Diamantes‘, al verde forestal de ‘Tsukamori‘ y al rojo volcánico de ‘Pompeya‘ con el que la banda arrancaba un repaso sonoro a sus últimos LPs. Así, color a color, los corazones de Víctor Cabezuelo, Julia Martín-Maestro, Manola, Juan Feo, Miguel de Lucas, Manuel Cabezalí y Marc Sastre —quien además ejerció de telonero con un despliegue de riffs y loops exquisitos— marcaron un inicio que funciona como declaración de intenciones. Rufus T. Firefly es un paseo por el bosque, un cielo de estrellas con (introduce aquí el nombre de la persona que más quieres), un mar en calma, un grito en la cima de una montaña.


Son casi veinte años los que Víctor y Julia llevan sobre los escenarios dando forma a este universo, y pocas bandas pueden presumir de un legado que no deja de crecer. Aunque «Magnolia» (Lago Naranja Records, 2017), ese disco que, como confesó Víctor a un servidor, “fue el primero con el que dejamos de perder dinero”, terminó convirtiéndose en liturgia para los fieles que les siguen media vida y el punto de inflexión, muchos soñamos, entre el humo rosa y la diagonal negra del fondo, con que cayera algo de «∅« (Lago Naranja Récords, 2012). Hubo guiño, aunque indirecto. Sí lo fue total para «Nueve» (Lago Naranja Récords, 2014). Ángel Luján, técnico de sonido de esta gira, pidió personalmente que se recuperara ‘El problemático Winston Smith‘. Y Rufus, en su infinita elegancia, se lo concedió como genios tan geniales.
Tras que el corazón de una ‘Magnolia‘ incombustible se abriese, llegaba uno de los momentos más esperados: las primeras apariciones en directo en Barcelona de «Todas las cosas buenas» (Lago Naranja Récords, 2025), ese disco que muchos ya habíamos degustado en la Wolf con auriculares, formato que ilustra la crónica tras otro espectacular despliegue en Getafe hace apenas unos días. Con ‘El principio de todo‘ se abrió una sonrisa colectiva imposible de contener, la misma que llevaba vestida Miguel de Lucas, buscándole la mirada a sus compañeros en un gesto de complicidad constante durante todo el concierto. También hubo espacio para la intimidad: Manola, sin gafas de sol, dejando ver unos ojos emocionados mientras interpretaba con Víctor una delicadísima ‘Premios de la música independiente‘. Y un Cabezuelo especialmente eléctrico, más móvil que nunca, recorriendo el escenario como si necesitara abarcar cada centímetro de la sala para confirmar que sí, esto lo han conseguido ellos, desde Aranjuez al infinito.
Con ‘Trueno Azul‘, ‘Dron sobrevolando Castilla-La Mancha‘ y la homónima ‘Todas las cosas buenas‘, los sintetizadores conquistaron la Apolo. Las canciones se estiraban, se cruzaban, entraban unas en las otras como si el jazz hubiese decidido fundirse con la electrónica en un ritual interplanetario. Una atmósfera que se respiraba y colaba por los poros de la piel. Sólo faltó ‘Canción Infinita‘ para no querer irnos de allí jamás y vivir entre sus acordes.

Pero si hay declaraciones de amor que nunca caducan, ‘Nebulosa Jade‘ es la reina ellas. Por supuesto, también ‘Selene‘, “la mejor canción de Rufus T. Firefly para muchos”, como apuntó Víctor, con la que se cerró el primer tramo del concierto. Difícil discutirlo cuando suena así de frágil sobre las cuerdas, cajas y teclas. Aunque lo cierto es que «El Largo Mañana» (Lago Naranja Récords, 2021) sigue agrandándose en su manifiesta declaración de amor en momentos delicados: ‘Sé dónde van los patos cuando se congela el lago —escrita por Álvaro Marcos (Atención Tsunami)— y ‘Me has conocido en un momento extraño de mi vida‘ tienen ahora una nueva hermana mayor: ‘Canción de paz‘. Fue la encargada de cerrar un concierto con toda la banda visiblemente emocionada mientras el público repetía en bucle “Y en tus ojos hay una canción de paz”. Un nuevo mantra, una nueva mañana desarmada. Demasiadas veces hemos llorado ya.
Rufus T. Firefly firmaron, sin exagerar, el mejor concierto de su historia. Por el sonido, por la conexión, por la emoción, por la belleza. Aquella semilla plantada hace dos décadas ya no es un bosque: es un ecosistema. Y dentro de él caben todos los colores, todas las luces, todos los tonos y todas las cosas buenas.





