Biznaga, ahora y siempre
Había pasado poco más de un año desde la última vez que Biznaga pisó un escenario barcelonés, pero bastaron apenas unos minutos para comprobar que, en realidad, no había pasado nada. Si hay algo peor que ir hacia atrás (aunque sea para coger carrerilla), es que todo sigue exactamente igual. La vivienda continúa en el centro del conflicto social, la barbarie en Palestina se retransmite en directo mientras el mundo afina la mirada hacia otro lado, y la ultraderecha ya no se arrastra por los márgenes, sino que avanza con paso firme. En ese contexto asfixiante, el mensaje de Biznaga no solo no pierde vigencia, sino que se vuelve imprescindible. ‘¡Ahora!‘ (Montgrí, 2024) no era un titular urgente en octubre; es un diagnóstico que se cronifica.
Una voz femenina, eco de una Joe de Blade Runner 2049 en el plano del futuro distópico con fecha de caducidad, invocaba el presente antes de que el cuarteto tomara Razzmatazz como quien ocupa un espacio que le pertenece por derecho. Si Barcelona es zona tensionada, que lo sea también en decibelios. Arrancaron Biznaga con la sobriedad habitual en ‘El futuro sobre plano’, continúan con ‘Imaginación política’ y recuerdan, con ‘Afinidades eléctricas’, que la memoria también es un acto político: quien se olvida de los suyos, se olvida de si mismo.
‘Contra mi generación’ funciona ya como válvula de escape colectiva y es curioso, porque lejos de creer que sería caldo de cultivo de un gran pogo, el desahogo es existencial. Crecer, mirar alrededor, comprobar cómo la precariedad se hereda mientras otros reproducen un modelo imposible y gritar con el puño en alto. “Nacerán más idiotas ¿No somos ya suficientes?”, flota la pregunta entre dedos apuntando al cielo y cuentas bancarias en números rojos. A partir de ahí las canciones de, ‘Bremen no existe’ (Montgrí, 2022) abren la puerta al repaso de su discografía, con paradas en ‘Mediocridad y confort’, ‘2K20’ o ese ajuste de cuentas con el pasado llamado ‘Divino fracaso’, reivindicado sin pudor, como debe hacerse con los errores que explican lo que uno es hoy.
Biznaga nunca ha entendido el directo como una sucesión de canciones. El escenario es altavoz y barricada. Si el año pasado cedieron el micro al Sindicato de Inquilinas en vísperas de una gran movilización por la vivienda, Jorge lanzó un mensaje claro de apoyo al pueblo palestino mientras Milky alza la bandera recordando que los músicos deben saber elegir lado y manifestarse por lo que creen. No hay pose, hay coherencia. Biznaga no postean, actúan. No opinan, se mojan.
Cuando la IA amenaza con colonizarlo todo y el futuro se vende como anestesia, ‘Agenda 2030’ suena más inquietante que nunca. Por suerte, Biznaga controlan muy bien los tiempos y los ritmos necesarios en cada parte del concierto y la guitarra acústica irrumpe para ‘Espejos del caos’, uno de los momentos más delicados del repertorio, seguida por ‘Benzodiacepinas’, convertida ya en himno catártico. El pulso vuelve a acelerarse con ‘La escuela nocturna’ y Ari, de Tetas Frías, se suma para una ‘Domingo especialmente triste’ en un sábado especialmente luminoso. Barcelona deja de ser una ciudad cualquiera para morir.
El tramo final es una demostración de músculo y equilibrio. Torete se permite coquetear con el shoegaze en ‘Una historia de fantasmas’, recordando que Biznaga también saben expandirse sonoramente sin perder filo, quizás un punto que seguir explotando de cara a próximos directos. ‘Espíritu del 92’ funciona como espejo roto de un país que se creyó algo que nunca fue, con Curro y Koby como mascotas de un optimismo impostado del que nos reímos, porque no queda otra. Emosido engañados.
Tras ‘Madrid nos pertenece’, la recta final se convierte en homenaje y afirmación. El recuerdo a Jorge Ilegal no es casual: Biznaga se reflejan en esa manera de entender el rock como actitud antes que como género. ‘Ocupar el ahora’, ‘La gran renuncia’, ‘Líneas de una sombra’ y ‘El entusiasmo’ cierran un concierto en al que al público no le queda ni una gota de gasolina. Biznaga no solo escriben algunas de las letras más afiladas del punk estatal; están aprendiendo a hacerse aún más grandes sobre el escenario. Ocupar el ahora, ya es una forma de resistencia.
Wrestler retirado que acuñó neoreggaeton y generación vacía.




