La Plazuela – Lugar nº 0 (DLY) | Reseña
Género: Flamenco fusión
Sello: Universal Music
Fecha de publicación: 05/12/2025
La voracidad con la que el tiempo —y la vida— nos devoran nos empuja a vivir instalados en un FOMO permanente, en la urgencia de opinar antes incluso de sentir, de comentar antes de digerir. Todo parece exigir inmediatez para existir. Por eso, frenar, parar y volver a disfrutar de las cosas con calma, sin perder de vista lo que nos rodea, adquiere hoy más valor que nunca, especialmente en el consumo artístico. Bajo esa premisa, reseñar un mes después de su publicación ‘Lugar nº 0 (DLY)’ (Universal Music, 2025), el esperado segundo disco de La Plazuela, no solo no llega tarde, sino que llega cuando debe.
El dúo granadino formado por Manuel Hidalgo “Indio” y Luis Abril “Nitroh” arrasó dos años antes con su debut, ‘Roneo Funk Club (Universal Music, 2023)‘, una exuberante colisión de flamenco, jazz, electrónica y disco que los colocó de golpe en el centro de todas las miradas, con Juanito Makandé y Bronquio al mando de la producción. Ahora, tras colaborar con el también dúo granadino Texture en el EP publicado en 2024 junto al cantaor David de Jacoba, La Plazuela vuelve ahora a confiar en Álvaro Arellano y Antonio Puga para dar forma a este segundo largo.
Desde el propio título ‘Lugar nº 0 (DLY)’, abreviatura de “Don’t Lose Yourself”, y su apertura, “Nº 0”, el disco deja claro su manifiesto: “Para un segundo / Nuestro tiempo ya no es nuestro ”. Nitro e Indio nos invitan a un ejercicio de reapropiación del presente, a reconectar con lo cercano y a devolverle peso a lo verdaderamente importante. Es un disco de proximidad, de escucha consciente. A lo largo de catorce cortes, La Plazuela traza un viaje de introspección a través del error y la superación a las malas adicciones de la vida, a las drogas, al trabajo y fama cuando estás en la cumbre, al querer mal o las malas compañías. Da igual si el envoltorio es jazz electrónico, como en la inicial “Tengo que pensar”, o city pop en “Este juego”, el mensaje siempre apunta hacia atrás y hacia dentro.
Así, mirar vade retro para poder avanzar podría ser la lectura principal de muchas canciones, como la “Si miro para atrás”, una de las cumbres del disco. Sonoramente, destaca por una fusión tan única como brillante entre soul y paso de semana santa, con la Banda de La Victoria del Realejo llevando el peso, en un territorio nuevo pero evidente en el camino que sigue La Plazuela y que dialoga con Califato 3/4, Pascual González y Camarón de la Isla. Pero detrás, nos encontramos en lo discursivo en un ajuste de cuentas con quienes criticaron, con quienes empujaron a malas decisiones, con quienes ya no quieren cruzarse por el Albayzín. Un beef elegante y terrenal, más sofisticado y folclórico que nunca. Otra palada de tierra sobre la bien cavada tumba de Ayax, pero con más raíz y menos estridencia. Una de las canciones del año, sin discusión.
Puede que el músculo musical del disco, tan bien armado y detallista, deje algo menos de espacio a las letras que en su debut. También es cierto que cierta insistencia de Nitro en el discurso sobre las adicciones puede resultar reiterativa por momentos y demasiado similar entre canciones. Aun así, es imposible negar la altura de temas como “B12” (ese ritmo disco, ese bajo, ese sintetizador, qué maravilla…). Quizá sean sobrelecturas, pero resulta especialmente elegante que “Mala de verdad”, una canción que podría leerse como desamor, funcione también como metáfora de abandonar una adicción. Ahí está parte de la inteligencia del disco cuando dicen más al no subrayar.
Otro hilo discursivo especialmente bien cosido en este segundo LP es el del amor. Si “Si miro para atrás” pelea por el trono del álbum, tendrá que vérselas con la delicadeza luminosa de “Sólo eres para mí”, junto a una Ángeles Toledano, que, de nuevo, es sencillamente sublime, en una colaboración que ya habían insinuado en aquellos roneo brunch caseros de hace un año, tras colaborar también años atrás en la versión por bulerías de «Perico de la Tomasa«. Los arreglos de este tema están entre lo mejor del año: una sucesión de cuerdas emocionante, capaz de estremecer incluso al más curtido fan de El Junco. Una cálida ternura, casi una nana, que crece con la voz de Ángeles y termina con esa voz pitcheada que no termina de romper y te deja estremecido.
El cierre del disco mantiene el listón con “De 2 en 2” y “De mí para ti”, dos canciones que condensan ese espíritu amoroso del álbum. Tras cortes de sonido más neoyorquino, entre el Motown y el Jazz con «Tiempos Raros» y «Eterna Primavera«, donde no nos puede faltar el espíritu local a través de los coros de Chonchi Heredia, llegamos al tramo más granadino del disco, sin renunciar a esos destellos electrónicos que siempre funcionan en la banda. El solo de guitarra final de “De mí para ti” recoge con precisión ese mensaje de esperanza y futuro que La Plazuela quiere dejar flotando tras la última nota.
Lugar nº 0 (DLY) es pausa y avance en la carrera de La Plazuela. Habrá quien diga que este es un disco pensado más para quienes ya estaban dentro que para sumar nuevos adeptos, y que deja al grupo en el mismo lugar. Pero, para mí, ocurre justo lo contrario: ganan en identidad, en sonido y en conciencia de sus propios límites. En hacer, simplemente, lo que quieren hacer, esquivando con inteligencia el peligroso síndrome del segundo disco. No tener prisa en pleno pico de popularidad les ha permitido asomarse al precipicio, verse abajo y decidir tenderse la mano a sí mismos. Mirar alrededor, apoyarse en los suyos y seguir caminando. Este lugar número cero es, sin duda, el mejor punto desde el que La Plazuela podía volver a encontrarse para avanzar.
Wrestler retirado que acuñó neoreggaeton y generación vacía.




