Última Misa: Sen Senra en el Movistar Arena
/ febrero 2, 2026/ Crónicas
Bienvenidos, hermanos y hermanas. Reunidos estamos en este recinto, un templo levantado por el sonido y la espera. Dejad fuera el ruido del mundo y los secados. El silencio forma parte de la oración. En Él comienza todo. Bienvenidos a la Última Misa de Sen Senra, al final de «P02054AZ».
Ocho y media de la tarde, pasadas. Cuando el día empieza a ceder. Muchos creyentes llevan horas esperando, ansiosos a que empiecen los ritos iniciales. Como las cosas que no quieren ser rápidas, ni fáciles. Ni por supuesto olvidables. Dos horas y veinte de fe y música. Ante nosotros, un altar dividido en varios paneles blancos. Panales que se van moviendo según como quieran dividir el espacio. Una pared blanca, una ventana. Una habitación de repente. Lo mágico de la intimidad, una cama, unas cortinas, mesitas de noche y una pequeña lámpara de luz anaranjada. Más tarde el cielo será azul.
El pueblo que conforma ese público, que le da sentido al templo, no es homogéneo. Hay fieles antiguos y algunos más recientes. Supongo que esto es fruto de lo que pasado durante todo el recorrido del artista. Como quien escucha un rumor y decide seguirlo, no hay conversión repentina, sino eco. La ola crece sin perder la forma y hoy se materializa en forma de concierto.
No quiero ser un cantante, la primera confesionalidad de la noche. Desde la herida, el cuerpo responde y la piel se eriza. El espíritu arde. Nos levantamos, nos sentamos. Los cuerpos quedan a merced de la música, de las estrofas. Gente aparece en el escenario, al ritmo de un solo pulso. Los pasos están tan integrados en ellos como se aprende el rezo. Aquí la penitencia es la repetición. Sobran las explicaciones, el celebrante no necesita darlas. Agradece pero sin perder la compostura, la distancia que hay entre público y banda. Ofrece presencia, pero eso parece marca personal.
Desde lo alto cae una luz que ilumina y se mantiene siempre vigilante a los pasos de Christian Senra. Una luz divina, que ampara, protege y da voz. Escuchamos su palabra y todos asentimos. Divide el evangelio en tres tiempos, tres entregas cargadas de espera y cambios de escenario. La escenografía cambia como el alma, se justifica y se adapta a las circunstancias. Damos paso a la siguiente lectura. Se ofrece la paz, no se impone. Nos movemos casi como si algo se hubiese apoderado de todos nosotros. Abrazos y besos. El baile es comunión.
La primera lectura llega envuelta en imagen, vídeos proyectados, recursos visuales, cuerpos que se mueven como si supieran que están siendo mirados por algo más grande. Siempre hay una frase que vuelve, como un responsorio íntimo. Siempre en gallego. El salmo es físico. Sudor, tensión. No existe la improvisación. Cada gesto está medido, calculado. Un evangelio llega en forma de espera, donde no pasa nada y es ahí donde ocurre todo. El templo suspendido y es en esos huecos donde la fe se prueba. Imágenes, sonidos, carne y memoria, todo entregado sin urgencia. La ofrenda no se deposita, se comparte.

Llega el final, el celebrante viste de blanco. Como quien ha atravesado la culpa, como quien se ha convertido en el profeta de toda una generación. Se mira atrás, no para quedarse, sino para bendecir todo lo que ha sido. Todo lo que dejamos atrás y todo lo que quiere ser a partir de hoy, una noche que pasará a la historia.
Nada queda ya por decir, y sin embargo, todo permanecerá. El templo sigue en pie unos segundos, los rumores se hacen protagonistas. «Dicen que todavía quedan nueve canciones», exclama un joven. Las luces parecen reticentes, cómo si hubiese algo en el ambiente que no permitiese que todo aquello acabase de una vez. El ciclo se cierra y se completa un credo. Tres años de espera, de promesas. Lo que un día se presento como entes separados, hoy se presenta unido. Ofrecido y entregado.
El silencio jamás volverá a ser el mismo, esta habitado. Por los siglos de los siglos. Podéis marchar en silencio, reflexionad y arrodillaos ante este acto de fe.
¿Te sabes esta? Es muy indie no creo que la conozcas.
Intento de periodista musical, versión hacendado. Me encanta escribir y la música<3
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maria (eme)
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Natalia García
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