León Benavente hace historia en el Movistar Arena
Apertura seis y media, demasiado pronto. Sábado tarde-noche, el equipo técnico ya está preparado, vienen antes que nadie y se van los últimos. Son los que le dan sentido a todo esto. El público entra, ajeno a todo ese trabajo que hay detrás, el concierto está apunto de empezar… León Benavente, fin de gira en un Movistar Arena cargado de magia, vamos a darle caña, se dejan llevar por El Festín.
Viendo en todo momento lo que hacen en la mesa de sonido. León Benavente no es simplemente una banda, es un sistema repleto de engranajes, todo tiene que salir a la perfección y estos chicos con la camiseta de “Crew” tienen todo en sus manos. Concentración, reflejos rápidos y cuerpos que se mueven casi sin querer. Frecuencias que se sienten. Tempos y miradas cómplices, el equipo se sonríe.

Los técnicos se mueven ligeramente, no bailan demasiado, lo justo. Marcan el ritmo con el pie, movimientos inconscientes adelante y atrás con la cabeza. Son sus canciones, las han escuchado ya miles de veces pero para ellos no parecen gastadas. Viven, disfrutan, siguen funcionando hasta para quienes viven de ellas. Preparados porque este no es un concierto más, se nota desde el primer golpe de luz y es que así lo promocionaron en redes. Una fiesta de cumpleaños, no podía faltar nadie. León Benavente no solo se despide de su último disco, «Nueva sinfonía sobre el caos». León Benavente vino a hacer historia el 10 de enero de 2026.
Pasamos lista: Aparecen las Hinds, parece que el volumen sube, los murmullos y la gente entienden que son solo el pistoletazo de salida de algo grande. Se ajustan los niveles, tocan botones, el equipo técnico les da paso a Víctor y Julia de Rufus T. Firefly, quienes comparten escenario con Anni B Sweet. Juntos otorgan una calma difícil de explicar, bajan un pelín las pulsaciones pese a la energía de Julia a la batería, solo los que lo han vivido saben a qué me refiero. La tripulación parecen contentos con lo que están haciendo.

Entra Nacho Vegas, prácticamente no hace falta ni presentarlo. Desde la mesa saben que es un momento importante, un deja vú. Historia compartida, raíz. Parte de la historia de León Benavente de nuevo en un mismo escenario. A uno se le escapan hasta las lágrimas. La noche avanza, como un desfile. Tulsa, Eva Amaral y Cristina de Columpio Asesino, a una casi no le da tiempo a procesar todo lo que está viendo. Va muy rápido y solo tratas de coleccionar momentos en tu memoria, con cuidado. Ángel Stanich, con una energía propia y un color distinto. Abraham Boba (voz y teclado) anuncia el paso de los siguientes, confiesa que sus favoritos. Llega el momento de Triángulo de Amor Bizarro. Sostienen los silencios casi como si flotaran, no es la primera vez que hacen algo juntos. Desde atrás se siente la admiración, se escucha.

Llevan más horas que ninguno, los técnicos bajan las luces. Por desgracia hace un par de meses que no estamos todos, escuchamos y sentimos a Jorge Ilegal con una versión homenaje de la banda. Gritan y sienten más que nunca, es por él, es por la música. Por la historia. Se confirma lo que ya era evidente, esto no es un simple concierto, es una fotografía ampliada del panorama musical español. Cierra Iván Ferreiro y el escenario se encuentra en un punto de encuentro para los que ya habían pasado por allí a lo largo de todo el bolo.
Todo termina, las luces se encienden. El frío se cuela de las puertas que se van abriendo. El equipo técnico respira aunque ellos aún no han terminado. Recogen cables, comentan detalles del concierto, esos que nadie sabe. El concierto se desmonta pieza a pieza, como un puzle ya terminado que guardas satisfecho. Como si nada de lo vivido hubiese pasado realmente.
Durante unas horas, unos meses. Desde ese primer cable que se enchufó en esta gira, todo fue como tenía que ir.

Fotografías de @jherraezb cedidas por CrazyMinds




