Maruja, sudor y lágrimas

/ junio 2, 2026/ Crónicas

El cuarteto mancuniano presentó su genial Pain to Power en un sala abarrotada de fieles feligreses

Maruja convirtió la Sala Wagon de Madrid en un espacio de combustión emocional y catarsis colectiva. La banda de Manchester, una de las más excitantes del panorama actual, presentó por fin en la capital «Pain to Power», uno de los mejores trabajos que nos dejó el 2025, en una cita que además llegaba con la carga añadida de haber sido aplazada en diciembre por motivos de salud.

Antes de ese estallido, el telonero fue el peculiar y distinto Eigen Risco, una propuesta experimental que sirvió como aperitivo perfecto para una noche marcada por la rareza, la tensión y la búsqueda constante de intensidad. Su presencia encajó con naturalidad en un cartel que no aspiraba a la comodidad, sino a abrir una grieta desde el primer momento.

A partir de ahí, Maruja llevó el concierto por el terreno que mejor domina: la dicotomía entre la brutalidad del pogo y la solemnidad de los momentos de comunión. La banda arrancó con Bloodsport’ y dejaba claro desde el principio que su directo es un llamado a la acción, quedando claro que su música se sostiene sobre una mezcla de garra, corazón y urgencia política. Esa energía se tradujo en una sala donde el sudor fue protagonista, pero nunca el único lenguaje.

La banda dejó también un espacio para la fraternidad y la conciencia colectiva. Hubo un minuto de silencio por las víctimas de Gaza, Sudán, Ucrania, Líbano, Irán y otros lugares golpeados por la violencia, un gesto que convirtió la Sala Wagon en un lugar de recogimiento y respeto. Ese mismo impulso humano apareció antes de ‘The Invisible Man’, cuando el grupo habló de la importancia de la salud mental e invitó al público a abrazar a la gente de alrededor, reforzando la idea de que el concierto no era solo descarga, sino también refugio.

Ese equilibrio entre denuncia, vulnerabilidad y celebración es parte esencial de Maruja. La banda alterna riffs agresivos, saxos estridentes y pasajes de enorme delicadeza con una espiritualidad casi holística, visible en canciones como ‘Saoirse’ o en la épica de ‘Look Down on Us’. Esa fórmula funcionó con más fuerza que nunca la noche del viernes: hubo pogo, sí, pero también una sensación constante de comunidad y de sentido compartido.

Otro de los rasgos que más destacan en su directo es el papel del saxo de Joe Carroll, capaz de pasar de la amenaza a la belleza en cuestión de segundos. Esa mezcla de técnica y emoción ayuda a entender por qué Maruja son mucho más que una banda ruidosa: son una experiencia física y espiritual al mismo tiempo. Y en la Sala Wagon, esa tensión se sostuvo de principio a fin con una intensidad pocas veces vista.

En definitiva, Maruja confirmaron en Madrid que su directo está a la altura de la expectación que genera. Entre la furia y el requiem, dejaron una noche de las que no se olvidan fácilmente.

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Cazador de ibericracks.

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