Molchat Doma y su rave post-soviética
La banda de Minsk inundó con su aura oscura pero bailonga la Riviera del Manzanares
Los Molchat Doma convirtieron La Riviera en una especie de club industrial atravesado por la melancolía postsoviética y el impulso de una rave contenida. El trío de Minsk desplegó en Madrid ese sonido tan suyo, hecho de sintetizadores fríos, cajas de ritmos secas, líneas de bajo pesadas y una gravedad vocal que parece anunciar siempre un pequeño apocalipsis, pero que al mismo tiempo empuja al cuerpo a moverse.
Desde el inicio quedó claro que el concierto iba a jugar esa doble baza: oscuridad y baile. Hubo tramos especialmente cercanos al tecno, con bases insistentes y un pulso mecánico que hizo que la sala se transformara en una pista de baile sombría, casi hipnótica. No era una fiesta en el sentido habitual, sino una celebración fría, nerviosa, de esas que avanzan con la contundencia de una máquina y la tensión de una mala noche convertida en trance.
La banda, sobria y precisa, fue construyendo el ambiente canción a canción, con ese dramatismo que no necesita excesos para imponerse. El cantante se movía con un gesto casi ritual, como si cada verso saliera de un lugar solo reservado para las liturgias más arcanas, mientras el público respondía dejándose arrastrar por un repertorio que alternó la rigidez del post-punk con un fondo de energía bailable muy marcada.
Y el cierre estuvo a la altura de lo esperado. Molchat Doma reservaron para el final sus temas más reconocibles, con ‘Судно (Sudno)’ y ‘Тоска (Toska)’ como golpes definitivos para rematar la noche. Ahí fue donde el público terminó de entregarse del todo, pogos incluidos, y donde los espectadores españoles encontraron su forma más clara de expresar la satisfacción: un sonoro “Spasiva” repetido como declaración de que el concierto había sido, sin discusión, excelente, más allá de las barreras lingüísticas.
En definitiva, Molchat Doma ofrecieron en Madrid un concierto que no solo confirmó su condición de banda de culto, sino también su capacidad para convertir la melancolía en movimiento. Lo suyo no fue únicamente un recital de post-punk, sino una experiencia de temperatura baja y energía alta, de esas que dejan la impresión de haber asistido a algo raro, oscuro y memorable.
Cazador de ibericracks.




