aguasmil y Seasunday convierten un martes en viernes en la Wurli
El quinteto madrileño se presentó al mundo acompañados del prometedor grupo hispano-irlandés
Hay conciertos que parecen una simple parada entre semana y otros que terminan pareciendo el prólogo de algo más grande. La noche del 16 de junio en la Wurlitzer tuvo bastante de lo segundo. Dos bandas, dos propuestas distintas y una sensación compartida al salir a la calle: la de haber asistido a un pequeño capítulo de esos que dentro de unos años alguien recordará diciendo aquello de “yo estuve allí”.
Los primeros en subir al escenario fueron Seasunday, que llegaban impulsados por el reciente lanzamiento de «Letter to Agneta». Su propuesta se mueve en esa frontera donde el grunge se da la mano con el garage y, de vez en cuando, se permite escapadas hacia el spoken word. Una combinación que sobre el papel podría parecer arriesgada, pero que en directo encuentra un equilibrio sorprendente. Hay algo en ellos que recuerda a la urgencia de IDLES y a la vez a la energía desordenada de Remo Drive, aunque sin sonar como una copia de nadie. Más bien como una banda que todavía está descubriendo hasta dónde puede llegar.
El repertorio giró alrededor de los temas de «Letter to Agneta», un trabajo construido sobre la idea de capturar momentos concretos y transformarlos en canciones. ‘Wondering Why’, ‘Ticket’ y ‘Beachside’ sonaron afiladas y musculosas, pero fue la interpretación de ‘Letter to Agneta’ la que terminó de elevar el concierto. Es una de esas canciones que parecen escritas para ser cantadas en una habitación y, sin embargo, crecen cuando se enfrentan a una sala llena. Entre medias también hubo espacio para material nuevo, señales de que la banda no piensa quedarse quieta demasiado tiempo.
Pero si Seasunday representaba una promesa en plena aceleración, aguasmil llegaba con la emoción irrepetible del primer paso. El concierto de la Wurlitzer fue el estreno oficial de un proyecto formado por Ezequiel y Paco a las guitarras, Abril a la voz y los teclados, Sara alternando bajo y piano y Oliver, ya viejo conocido por su trabajo en Niños Raros, a la batería. Y lo cierto es que cuesta creer que fuese su primer concierto. Desde el primer tema transmitieron una seguridad impropia de una banda recién nacida.
La primera mitad del set se apoyó en un rock alternativo elegante y bien construido. ‘Sta. María’ y ‘Labyrinth’ mostraron una banda capaz de trabajar las dinámicas con inteligencia, pasando de pasajes contenidos a explosiones de guitarras sin que nada sonara forzado, todo ello acompañando a la increíble voz de su frontwoman. Técnicamente, las composiciones destacaban por su riqueza armónica y por una estructura que huye de la fórmula estrofa-estribillo más convencional. Cada canción parecía buscar su propia arquitectura. No era difícil encontrar ecos de indie rock, post-rock o incluso ciertos matices progresivos escondidos entre los arreglos.
A medida que avanzaba el concierto, aguasmil fue desplazándose hacia terrenos más cercanos al art-rock, con ciertas reminiscencias a Geese. Ahí apareció la maravillosa ‘Gélido’, probablemente el momento más emocionante de toda la noche. Las voces de Abril y Paco se entrelazaban como dos corrientes opuestas encontrando el mismo cauce, mientras la instrumentación crecía poco a poco hasta desembocar en uno de esos finales que consiguen que la sala entera contenga la respiración. Después llegaron ‘Big Town / Small Town’, ‘(She)Pard’ y ‘Hands’, confirmando la enorme variedad estilística de una banda que parece sentirse cómoda explorando distintos paisajes sonoros sin perder identidad.
También hubo tiempo para dos versiones escogidas con muy buen gusto. Primero, una emocionante lectura de ‘Grace’ de Jeff Buckley, enfrentándose sin complejos a una de esas canciones que suelen dar más miedo que alegría. Y ya en el bis, ‘Blood Moon’ de Ghost Funk Orchestra, como cierre perfecto para una actuación que fue creciendo minuto a minuto. Sin embargo, el recuerdo que probablemente perdure será el de la outro de ‘Hands’: la banda estirando el tema hasta convertirlo en una tormenta controlada mientras un pogo se abría en mitad de la Wurlitzer. Una imagen casi simbólica. Porque si algo quedó claro aquella noche es que aguasmil apenas acaba de empezar. Y que, si mantienen esta capacidad para moverse entre géneros, construir atmósferas y encontrar melodías memorables, el nombre de este grupo va a sonar mucho más allá de las paredes de una sala de ciento y pico personas.
Cazador de ibericracks.




