Los Niños Raros han crecido y nos muestran su propuesta más adulta
El cuarteto presenta lo que será su próximo disco en la Wurli junto a la banda sueca The Family Men
Niños Raros volvieron a Madrid con la energía de quien no viene a confirmar nada, sino a reventarlo todo desde el primer acorde. El 1 de abril en la Wurlitzer presentaron el material de su próximo disco con un concierto que fue creciendo hasta convertir los pogos en una parte más del show, casi como si el público también estuviera dentro de la banda.
Antes de Niños Raros, The Family Men dejaron claro por qué su propuesta apunta al caos controlado: samplers, breakbeats, guitarras abrasivas y una puesta en escena feroz que ha ido más allá de la escena de Gotemburgo. Su sonido se mueve entre lo industrial, lo electrónico y lo pesadamente ruidoso, con una construcción muy precisa pese a la sensación de desorden que provoca.
En directo, además, su reputación se alimenta de una intensidad prácticamente física, con feedback, ecos y una presencia escénica que busca borrar la frontera entre banda y público. Ese enfoque encaja con su idea de “total harmful sound”, una declaración que su música sí parece llevar al límite.
Ya con Niños Raros sobre el escenario, la sensación fue la de estar ante una banda que sigue ampliando su lenguaje sin perder pegada. Los temas nuevos —‘Igual Mañana’, ‘Luces’, ‘Héroe Local’, ‘Una Razón’, ‘¿Qué Pasó?’ y ‘Marcas’— apuntan a un disco que conserva la mezcla de nervio, melodía y guitarras afiladas que ya les conocíamos.
Lo más llamativo fue cómo el público entró en el juego desde el principio: había euforia, respuesta constante y una comunión rara vez tan visible en una sala pequeña. Los pogos no fueron un accidente puntual, sino un elemento natural del concierto, como si esa noche Madrid hubiera decidido bailar en modo colisión.
Lo de Niños Raros sigue funcionando porque no se apoyan solo en la nostalgia de referencias ni en la contundencia y calidad técnica, sino en una manera muy directa de hacer que cada canción parezca a punto de estallar y, aun así, siga en pie. En esta ocasión, esa tensión se notó especialmente en la recepción del repertorio nuevo, que sonó pensado para el escenario antes que para cualquier otra cosa, dejando los dientes largos al publico cada vez mas ansioso para poder volver escuchar ya la versión de estudio.
La Wurlitzer, además, les sienta como un guante a propuestas que viven de la cercanía y del golpe seco, y la respuesta del público lo confirmó. Fue una noche de sudor, empuje y una sensación muy clara: Niños Raros no están preparando un disco cualquiera, están afinando un salto.
Si hace dos años cuando tuvimos la oportunidad de escucharlos en la Sala Barco ya los retrataba como una banda capaz de poner a arder una sala, esta nueva fecha deja la impresión de que han subido un escalón más. Ahora suenan más seguros, más grandes y más preparados para que el próximo disco no sea solo una continuación, sino una declaración de intenciones. Nos os perdáis la próxima oportunidad de disfrutarlos dentro de las Sesiones Vermut el 26 de abril en Becerril de la Sierra junto a Toldos Verdes.
Cazador de ibericracks.




