Ekkstacy y Worry Club: catarsis melancólica en la Sala B

/ diciembre 10, 2025/ Crónicas

El pasado jueves, 5 de diciembre, el invierno fue menos frío gracias al artista canadiense teloneado por el cuarteto chicagüense

Lo del jueves en la Sala B fue otra historia. De esas en las que el cuerpo va por un lado y la cabeza por otro, atrapado entre el ruido, las luces y la sensación de estar viviendo algo genuino. Worry Club y Ekkstacy consiguieron que Madrid se olvidara, por un rato, del invierno.

Abrió Worry Club con su mezcla de guitarras brillantes y distorsión domesticada. Temas como ‘sucker punch’ o ‘Anything Else’ engancharon desde el primer acorde. Chase Walsh, al frente, transmitía energía sin descanso, mientras el bajista mantenía una cara absolutamente impasible. Esa expresión —a medio camino entre el zen y la resignación— se convirtió en tema de conversación al final del concierto: medio público quería abrazarlo, el otro medio ficharlo como meme. En contraste, la banda sonaba afilada, homogénea, con esa actitud de que todo fluye aunque haya un poco de caos debajo.

Pero el momento de explosión llegó con Ekkstacy. Desde el minuto uno, Khyree convirtió la Sala B en un espacio de desahogo. En ‘Keep My Head Down’, pidió al público que encendiera las linternas del móvil, y el lugar se llenó de una luz blanda, como una pausa emocional antes de lo que se venía. Entonces arrancó ‘Forever’, y no hubo respiro posible. Los pogos aparecieron como olas en todas direcciones, gente levantando los brazos, abrazos improvisados, saltos al compás de guitarras que sonaban como motor en combustión. El ambiente era pura catarsis colectiva.

Cuando sonó ‘Sadness’, ya no existía ni escenario ni público: solo un bucle de energía, saltos y gritos que hacían vibrar el suelo. Stacy, riendo a mitad de ‘Seventeen’, se detuvo un segundo antes de seguir, consciente de que todos estaban dentro de su propio torbellino emocional. Fue como ver la tristeza bailarse sola, sin drama, sin poses.

Las últimas canciones cerraron el círculo de energía y vulnerabilidad. Las luces bajaron poco a poco, y entre respiraciones entrecortadas, la sensación general era la de haber vivido algo que no se repite. Worry Club puso la chispa; Ekkstacy encendió el incendio. En tiempos de playlists infinitas y pantallas de por medio, estos dos demostraron que lo de verdad sigue pasando en directo: sudando, empujando, y dejándose llevar por lo que solo un concierto te puede dar.

+ posts

Cazador de ibericracks.

Compartir esta entrada