Anni B Sweet – Alegría | Reseña

/ octubre 16, 2026/ Reseñas

Siete años después de su último álbum, Anni B Sweet regresa con Alegría, un trabajo que transita entre la nostalgia, la psicodelia y el pop más luminoso. Un disco de contrastes en el que la artista malagueña reafirma su identidad y demuestra que todavía tiene mucho que explorar.

Género: Pop psicodélico, retrofuturista y melódico, con influencias del pop de los 60 y sonidos electrónicos.
Sello: Subterfuge Records
Fecha de publicación: 16/10/2026

Hay regresos que buscan recuperar el tiempo perdido y otros que parecen necesitarlo para encontrar una nueva forma de mirar hacia delante. «Alegría», el quinto álbum de estudio de Anni B Sweet, pertenece a esta segunda categoría. Siete años después de «Universo por estrenar», la artista malagueña vuelve con un trabajo que se mueve entre el pop de espíritu sesentero, los sonidos futuristas y unas melodías que parecen llegar de otra época. El resultado es un álbum de personalidad reconocible, pero difícil de encajar en las coordenadas del pop actual.

Desde ‘Adiós con alergia’, Anni deja claro que no ha perdido su capacidad para construir canciones optimistas sin renunciar a las frases que se quedan dando vueltas en la cabeza. Los ritmos luminosos y el aire sesentero remiten a la Anni B Sweet que conocemos, aunque aquí la nostalgia no funciona como una fórmula que se repite, sino como uno de los ingredientes de un universo mucho más amplio.

‘Nada grave’ es, probablemente, uno de los ejemplos más evidentes de esa libertad. Suena nostálgica y futurista al mismo tiempo, como si Concha Velasco hubiera protagonizado en los años setenta una revolución pop que todavía hoy nos resultaría extraña. Hay algo teatral, inesperado y deliciosamente anacrónico en su propuesta. «Todo cambió en un momento. No hay amor, pero lo invento», canta Anni, en una frase que parece resumir buena parte del espíritu del álbum: seguir adelante incluso cuando la realidad no acompaña.

El amor y el desamor atraviesan «Alegría» de principio a fin, pero la artista evita quedarse en una única forma de contarlos. ‘No le encuentro la gracia’ se adentra en el despecho con una interpretación vocal especialmente poderosa. La voz se impone sobre unas melodías orgánicas y los matices corales refuerzan el dramatismo de la canción. Cuando llega el cambio de ritmo, lejos de romper la estructura, introduce una sacudida que amplifica el mensaje. Es un momento de impacto que demuestra hasta qué punto los arreglos están al servicio de lo que se quiere contar.

‘Todo está bien’, con Santiago Auserón, podría leerse como la respuesta a esa herida. Frente al despecho, aparece una mirada más luminosa, cercana a la superación personal, pero sin perder el carácter musical que define el disco. La voz de Auserón encaja con una naturalidad sorprendente en la propuesta de Anni y aporta un contraste que enriquece la canción sin restarle protagonismo. El optimismo, aquí, no consiste tanto en negar lo ocurrido como en encontrar una manera distinta de convivir con ello.

 

Esa búsqueda también se percibe en ‘Un lugar para estar’, donde la voz vuelve a situarse en el centro de la composición, acompañada de unos coros casi mitológicos y de texturas que terminan por acercar la canción a un imaginario espacial. En ‘Amor’, por el contrario, la artista baja las revoluciones y explora un registro mucho más sensual. Los sintetizadores y el tratamiento electrónico dibujan una atmósfera envolvente que amplía los matices del álbum y demuestra que su propuesta no depende únicamente de la luminosidad de las melodías.

‘Llévame al mar’ recupera la energía del pop más directo, con una interpretación vocal llena de recursos y frases tan evocadoras como «Llévame al sur, que he perdido el norte». Hay algo de proclama en su desarrollo, una voluntad de movimiento que termina desembocando en un cierre poderoso. En el extremo opuesto, ‘Un buen trato’ apuesta por la rareza y la energía, con unos ritmos que coquetean con los sonidos latinos y unas interferencias siderales que podrían convertirla en la banda sonora de una aventura de dibujos animados. Es uno de esos momentos en los que Anni se permite jugar sin necesidad de justificar demasiado sus decisiones.

La variedad de registros continúa en ‘Ni aquí ni allí’, una pieza de aire casi litúrgico que crece y decrece en intensidad, jugando con los silencios, los golpes de efecto y una instrumentación que aporta luminosidad a una composición inicialmente más contenida. ‘Después de brillar’, por su parte, recupera un pop alegre que remite a Jeanette y a la propia trayectoria de Anni, como si el pasado apareciera para recordarnos que su identidad sigue intacta incluso cuando se aventura por caminos nuevos.

Uno de los momentos más delicados llega con ‘En mi olvido’. La canción tiene algo de poema convertido en música, una evocación de la vida pausada y de los paisajes rurales que contrasta con los sonidos más electrónicos y futuristas de otras piezas. La colaboración con Tulsa es especialmente acertada: ambas voces se entrelazan con una naturalidad que hace que la canción funcione sin artificios. Es un encuentro que no necesita imponerse para dejar huella.

El recorrido termina con ‘Bailando espero’, un cierre brillante que recoge buena parte de las contradicciones del álbum. Aunque su sonido resulta más contemporáneo, conserva esa nostalgia que atraviesa todo el trabajo. La letra comienza desde la espera, pero termina transformándola en una declaración de independencia: «Ya no espero a nadie, solo quiero disfrutar». Es una forma de cerrar el círculo sin necesidad de ofrecer respuestas definitivas. También musicalmente, la canción encuentra una salida más fluida que otros momentos del disco, dejándonos con ganas de volver a empezar.

 

«Alegría» es un disco que se disfruta por su personalidad, por la riqueza de sus juegos melódicos y por una voz que sigue siendo el principal hilo conductor de la propuesta. En algunos momentos, la insistencia en un mismo territorio emocional puede hacer que el conjunto resulte algo monótono, pero esa unidad también contribuye a darle coherencia. Anni B Sweet no necesita perseguir las tendencias actuales ni disfrazarse de otra artista para demostrar que sigue evolucionando. En su manera de combinar referencias de distintas épocas, explorar texturas y construir melodías con carácter hay una madurez que no está reñida con la experimentación.

Siete años después, la malagueña regresa con un álbum que mira hacia atrás sin quedarse atrapado en la nostalgia y que entiende la alegría no como una obligación de estar bien, sino como la posibilidad de volver a disfrutar. A veces, después de tanto esperar, lo mejor que puede hacer una canción es recordarnos que todavía podemos bailar.

Lo mejor: la personalidad sonora de Anni B Sweet, su versatilidad vocal y la libertad con la que mezcla nostalgia, psicodelia y melodías pop. Destacan los juegos melódicos, los arreglos llenos de detalles y colaboraciones como las de Santiago Auserón y Tulsa, que enriquecen el conjunto sin restarle identidad.

Lo peor: la reiteración del amor y el desamor como hilo conductor puede hacer que el álbum resulte algo monótono por momentos, pese a la variedad de sonidos y recursos musicales.

Te gustará si te gusta: el pop psicodélico, las melodías de Jeanette, la experimentación de Judeline y la sensibilidad pop de Amaia. También si disfrutas de los sonidos retrofuturistas, las voces con personalidad y las canciones que prefieren explorar su propio universo antes que seguir las tendencias.

 

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Extremeña afincada en Madrid desde hace demasiados años. Me gusta escribir, así en general, pero sobre todo de música y libros.

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