Extremadura en diez canciones
Hay lugares que se explican mejor con una canción que con un mapa. Extremadura es uno de ellos.
Con el perdón de los asturianos, con quienes los extremeños compartimos día de celebración, sirvan estas líneas para homenajear a la tierrina, esa tierra de encinas, de buitres negros, de jamón de bellota, de migas y de perrunillas (¡acho, qué hambre!). A través de estas líneas queremos rendir homenaje a su gente, a su forma de ser, a sus raíces y, sobre todo, a la música que se ha hecho allí.
Hablar de música extremeña es hablar de rock, claro. De guitarras eléctricas, de poesía y de aquella revolución que convirtió a Plasencia en uno de los lugares imprescindibles del mapa del rock español. Pero quedarse ahí sería contar solo una parte de la historia.
Porque Extremadura también suena a canción de autor, a emigración, a tradición, a frontera, a pueblos, a fiestas y a memoria. Y también suena a una generación que ha decidido coger todo ese equipaje y convertirlo en algo nuevo.
Con motivo del Día de Extremadura, proponemos un viaje por diez canciones que, de una manera u otra, forman parte de esa banda sonora. No son las diez mejores canciones extremeñas (sería imposible ponerse de acuerdo en eso), sino diez canciones para recorrer una tierra y algunas de las historias que la han marcado.
Somos plenamente conscientes de que esta selección no recoge toda la riqueza del panorama musical extremeño, y especialmente de que en ella faltan grandes voces femeninas. Artistas como Bebe, Soraya Arnelas, Chloé Bird, Bambikina, Pilar Boyero o Azúcar Moreno han contribuido, cada una a su manera, a construir la música de esta tierra. Pero nos hemos puesto el difícil objetivo de condensar toda esa historia en solo diez canciones y, después de darle muchas vueltas, estas son las que para nosotros tienen que estar aquí.
1. Extremoduro — Extremaydura
Empezamos por donde probablemente había que empezar. Extremoduro no fue simplemente una banda de rock nacida en Plasencia. Fue uno de esos grupos capaces de conseguir que el lugar del que venían formara parte de su identidad. ‘Extremaydura’ ya lo deja claro desde el título.
Robe Iniesta y los suyos convirtieron la periferia en bandera, el lenguaje de la calle en poesía y las guitarras en una forma de contar una realidad que durante mucho tiempo parecía estar muy lejos de los grandes focos de la música española. Extremadura podía ser extrema. Y podía ser dura. Pero también podía llevar el orgullo por bandera. Ellos abrieron el camino.
2. Extrechinato y Tú — Abrazado a la tristeza
Si Extremoduro puso a Extremadura en el mapa del rock, Manolo Chinato ayudó a ponerle poesía. ‘Abrazado a la tristeza’, incluida en el único disco de Extrechinato y Tú, «Poesía básica», reúne a Chinato con Robe, Fito Cabrales y Uoho en uno de esos proyectos que parecen improbables hasta que uno escucha el resultado.
La canción tiene algo profundamente extremeño en su manera de mirar el paisaje, la soledad y el paso del tiempo. No hay aquí grandes discursos sobre identidad: hay tierra, memoria, tristeza y palabras. Y quizá esa sea una de las mejores maneras de hablar de una tierra. No decirle al mundo quién eres, dejar que se descubra a través de los versos.
3. Luis Pastor — Soy
Hay una canción que quizá explique Extremadura mejor que muchas canciones que llevan su nombre en el título. Luis Pastor escribió ‘Soy’ desde ese lugar extraño que conocen tantas generaciones de extremeños: estar lejos de casa y llevarla encima, ser un extremeño en Madrid.
Porque la historia de Extremadura también es la historia de quienes se fueron, de quienes se siguen yendo. De las maletas, de las estaciones, de los pueblos que se quedaban atrás y de esa sensación de vivir entre dos lugares: aquel del que vienes y aquel en el que intentas construir tu vida.
Madrid aparece en la canción como destino, pero también como contraste. La gran ciudad frente a la tierra de origen. La oportunidad frente a la nostalgia. El futuro frente a las raíces. Y ahí está una de las grandes paradojas de Extremadura: durante décadas, para poder construir una vida fuera de ella, hubo que marcharse de ella. Luis Pastor convirtió esa experiencia en canción y quizá por eso sigue sonando tan actual. Porque han cambiado los trenes (bueno, a lo mejor los trenes son los mismos), las ciudades y las generaciones, pero la pregunta sigue siendo bastante parecida: ¿qué lugar ocupan nuestras raíces cuando la vida empieza en otro sitio?
4. Pablo Guerrero — A cántaros
Antes de que el rock extremeño conquistara escenarios, hubo otra generación que utilizó las canciones para hablar de libertad, de cambio y de un país que estaba a punto de transformarse. Pablo Guerrero, nacido en Esparragosa de Lares, fue una de sus voces fundamentales.
‘A cántaros’ es probablemente su canción más conocida y una de las grandes piezas de la canción de autor española. Publicada en 1972, se convirtió en una canción generacional y en un himno de esperanza y transformación. Aquí no hace falta hablar explícitamente de Extremadura. Porque también hay una forma de pertenecer a una tierra que consiste en llevarla incorporada en la mirada. Guerrero lo hizo durante toda su trayectoria: desde la poesía, desde la canción y desde una sensibilidad profundamente ligada al paisaje y a sus raíces extremeñas.
5. Extremoduro — Ama, ama y ensancha el alma
Volvemos a Robe, pero esta vez de la mano de Manolo Chinato. ‘Ama, ama, ama y ensancha el alma’ apareció originalmente en «Deltoya», y parte de un poema de Chinato. Es probablemente una de esas canciones que terminaron trascendiendo a su propio grupo para convertirse en una especie de declaración de principios. Amar. Vivir. Salirse del camino marcado. Hay naturaleza, libertad, deseo y una forma casi libertaria de entender la existencia. Y hay algo especialmente bonito en que una canción nacida de la poesía de un extremeño terminara cantada por una de las bandas más importantes del rock español. La poesía también puede tocarse con guitarras a todo volumen.
6. Acetre — A la Casa de las Locas
Hay una Extremadura que no nació en los estudios de grabación. Está en las jotas, en las rondas, en las canciones que pasan de abuelos a nietos y en esas melodías que han sobrevivido generación tras generación. Y si hay un grupo que lleva décadas demostrando que ese patrimonio puede seguir vivo sin dejar de evolucionar, ese es Acetre.
‘A la Casa de las Locas’, tema que da nombre al disco publicado en 2021, parte de una canción tradicional de Guijo de Galisteo y resume muy bien esa manera de trabajar: rescatar músicas de la memoria extremeña y devolverlas transformadas, con un lenguaje contemporáneo. Porque el folklore no es una pieza de museo, es el día a día de una tierra llena de historia. Es una música que alguien tiene que seguir cantando para que no desaparezca.
7. Los Niños de los Ojos Rojos — The Kandil
Y ahora hacemos algo parecido, pero de otra manera. Si Acetre demuestra que la tradición puede mantenerse viva, Los Niños de los Ojos Rojos demuestran que también puede evolucionar, mezclarse con otras melodías y convertirse en otra cosa.
Su ‘The Kandil’ parte de ‘El Candil’, una de esas melodías que forman parte del imaginario popular extremeño. Una jota que todos hemos bailado y vivido. Pero aquí el candil cambia de registro.
Folk balcánico, reggae, ska, funk, hip hop… Los Niños de los Ojos Rojos convierten una melodía tradicional en una fiesta mestiza y contemporánea. Porque una tradición que solo puede existir mirando al pasado corre el riesgo de convertirse en una reliquia. Ellos hacen justo lo contrario: la ponen a bailar.
8. El Desván del Duende — Macetas de colores
Y aquí hacemos una pequeña pausa. Porque no todo en Extremadura tiene que sonar a guitarras afiladas, noches de carretera y poesía atormentada. También hay color. El Desván del Duende aporta una cara mucho más mestiza, festiva y luminosa de la música extremeña. Y ‘Macetas de colores’ es perfecta para introducirla.
La canción tiene ese punto de rumba, pop y fusión que se aleja de la imagen más habitual del rock extremeño y que, precisamente por eso, ensancha el mapa. Porque una tierra no tiene un único sonido. Hay bares, plazas, fiestas, verbenas, terrazas, guitarras acústicas y canciones que simplemente apetece cantar con amigos. También eso es Extremadura.
9. Sanguijuelas del Guadiana — Revolá
Y llegamos a la que puede que hoy sea una de las canciones que más se han escuchado estos días en Instagram, porque es sello de una generación que ha decidido que sus raíces no tienen por qué ser algo a lo que renunciar, sino algo que celebrar.
Sanguijuelas del Guadiana miran hacia la tradición extremeña, pero no para reproducirla exactamente como la encontraron. La mezclan con electrónica, rock, flamenco, música urbana y todo aquello que forma parte de su propio universo. ‘Revolá’ representa precisamente esa idea. Una Extremadura joven. Una Extremadura que se celebra a sí misma, que baila, que mezcla estilos y que no tiene ningún problema en mirar hacia atrás mientras avanza. Porque quizá una de las mejores maneras de mantener viva una tradición sea atreverse a transformarla.
10. Sanguijuelas del Guadiana — Llevadme a mi Extremadura
Y terminamos donde, en realidad, quizá tenía que terminar esta lista. Con una canción que viene de otra generación y que Sanguijuelas del Guadiana recuperan para acercarla a la suya. ‘Llevadme a mi Extremadura’ habla de algo que atraviesa buena parte de la historia reciente de la región: la emigración.
Los abuelos que se marcharon. Los padres que hicieron las maletas. Los jóvenes que todavía hoy salen fuera para estudiar, trabajar o buscar oportunidades. Y, en medio de todo eso, permanece una idea muy sencilla: volver.
Por eso esta canción funciona tan bien como cierre. Porque después de recorrer el rock de Extremoduro, la poesía de Chinato, la emigración de Luis Pastor, la canción de autor de Pablo Guerrero, el folklore de Acetre, la tradición reinventada por Los Niños de los Ojos Rojos y los sonidos de las nuevas generaciones, terminamos regresando al mismo lugar.
A casa.
Quizá estas diez canciones no explican Extremadura. Pero sí cuentan algunas de las cosas que significa ser de allí: marcharse, recordar, resistir, reinventarse y, algún día, querer volver. Y entonces, cuando llega el último acorde, solo queda pedir una cosa:
Llevadme a mi Extremadura.
Extremeña afincada en Madrid desde hace demasiados años. Me gusta escribir, así en general, pero sobre todo de música y libros.




