Viva Suecia saca toda su esencia en un show épico en el Bilbao Arena

/ mayo 3, 2026/ Crónicas

Viva Suecia ya no son cuatro chavales de Murcia que traten de hacerse un hueco en la música. Después de años y años consolidando su posición en la escena musical española, encabezando festivales y moviendo a auténticas mareas de fans, ahora son mucho más. Lo demostraron el pasado fin de semana en Bilbao donde ofrecieron un show brutal, pero vamos por partes. 

Lo primero que nos sorprendió del concierto de los murcianos fue una gran pantalla que ocupaba de lado a lado el escenario. Eso tendría pros y contras. El principal pro fue la sensación envolvente que se creaba en cada canción, luces y visuales acompañaban a los temas de una manera espectacular. El contra era el calor que emitía esa pantalla. El recinto estaba hasta la bola y el calor que desprendía la pantalla fue el combo ideal para un calor sofocante y, con ello, la incomodidad de los presentes. Calor que fue creciendo a medida que el espectáculo avanzaba, porque claro, también fuimos a bailar. Es probable que Rafa se propusiese que el público sudase como estaba sudando él y se le fuera de las manos. Y aunque hay noches en las que el termómetro y la música compiten por ver quién sube más la temperatura, y en esta ocasión Viva Suecia ganó la batalla y demostró que no hay bochorno capaz de frenar la comunión entre una banda en su mejor momento y un público entregado.

Más allá de eso, desde los primeros acordes, los murcianos dejaron claro que el eje central de la velada sería su último trabajo, «Hecho en tiempos de paz». Pero la actitud fue de todo menos pacífica; Rafa Val y los suyos salieron a hacer su mejor show. De hecho, confesaron que inicialmente se plantearon tocar pocas canciones, pero al verse allí, sintiendo el calor (físico y emocional), decidieron que nadie se lo podía impedir y ampliaron el setlist para deleite del personal.

Uno de los momentos más mágicos ocurrió con ‘Justo cuando el mundo apriete’. Fue un auténtico baño de masas donde el tiempo se detuvo; bastó un breve parón en seco para que el público vizcaíno iniciase unos coros improvisados a capela que sirvieron de puente épico hacia el final del tema.

La banda aprovechó para echar la vista atrás: «Hace doce años nos juntamos y en tres meses teníamos cinco canciones…», recordaron antes de rescatar un tema de sus inicios que, según ellos, «probablemente no conozcáis». Fue una vuelta al pasado sin artificios ni orquestas, pura esencia en la primera mitad de la canción. La intensidad no bajó con el mensaje de que «la paz es la única solución posible», ni con el subidón eléctrico de ‘Que sangren’ o ‘La voz del presidente’. Tras la crudeza de ‘No hemos aprendido nada’, nos regalaron un pasaje instrumental cargado de psicodelia sonora que demostró la madurez técnica del grupo.

Destacó durante todo el concierto la compañía de la que se valieron para hacer el show más épico si era posible: coros, vientos, piano… nada era suficiente en ese escenario. Carmen Hoonine, como ya es habitual, sumó su voz a un par de temas. Los de Murcia confesaron que uno de sus mejores virtudes es rodearse de músicos con mucho más talento que ellos y así nutrir mejor su propia música. No sabemos hasta qué punto eso es cierto, pero que en ese escenario se derrochaba talento es seguro al cien por cien. 

Para cuando enfilaron la recta final, el ambiente en el pabellón era ya eléctrico. Pese al sudor y al cansancio por el clima extremo, el grupo no dio tregua. Tras un repaso impecable a sus canciones más recientes y emocionales, Viva Suecia decidió que la mejor forma de despedirse era con el colmillo afilado. ‘Mala Prensa’ fue la elegida para cerrar el concierto, dejando el pabellón en lo más alto y confirmando que, aunque el mundo apriete y el calor agobie, su música sigue siendo el mejor refugio posible.

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Extremeña afincada en Madrid desde hace demasiados años. Me gusta escribir, así en general, pero sobre todo de música y libros.

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