Buzzcocks: para la vieja y nueva escuela

/ diciembre 5, 2023/ Crónicas, Galería

Gala de lo más punk el sábado 2 de diciembre bajo la batuta del mítico grupo Buzzcocks, quienes reúnen generaciones en la sala Shoko de Madrid para hacer sonar temas de culto como ‘Ever Fallen in Love’ o ‘What Do I Get?’. Con Steve Diggle al frente, Chris Remington al bajo, Mani Perazzoli en coros y guitarra y Danny Farrant a la batería se formula el concierto perfecto: público enfervorecido, banda revolucionada, risas, sudor, cantos, fiesta. 

Muchas son las bandas que vemos pasar por distintas formaciones a lo largo del tiempo que a término general no suelen terminar de convencer, como la segunda parte de una película que no necesitaba más de un final, puede que a veces sea así y que haya cosas que si no existen únicas no sean plausibles y otras veces puede que solo nos guiemos por el sentimiento nostálgico, pero lo que queda claro es que los Buzzcocks rompen con ese molde ya que siguen representando a la vieja escuela tan bien como hace cuarenta años, lo cual es aún más sorprendente cuando se tiene en consideración la diferencia de edad que existe actualmente entre algunos miembros de la banda. De cualquier forma esto no les frena, es más, desprenden una compenetración tan palpable que nos deja claro que son músicos de alto calibre. 

Diggle interactúa con el público y se rompe esa barrera que limita a uno a pensar que está en un concierto viendo a una banda, ahora estamos entre iguales y este es nuestro momento. La juventud echa mano del testigo y se hace fuerte en primera fila, el segundo ingrediente de un concierto memorable, decir que fue la caña sería quedarse corto. 

Larga vida al rockanroll.

Fotógrafa | + posts

Carmela RodHer. Estudio un máster fotográfico en LENS Escuela y también trabajo fotografía analógica y revelado. La cámara siempre colgada al cuello y metida dentro del pogo.

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Acerca de Carmela RodHer

Carmela RodHer. Estudio un máster fotográfico en LENS Escuela y también trabajo fotografía analógica y revelado. La cámara siempre colgada al cuello y metida dentro del pogo.